En su acepción más pura, el paisaje natural se define como aquellos espacios y territorios que no han sido alterados ni intervenidos por la acción humana aunque puedan ser recorridos por mujeres y hombres, pero sin permanecer o habitar estos lugares. Lo cierto es que si aplicáramos a raja tabla este concepto, tal como sucede en muchas áreas y debido a la alta densidad poblacional, pocos paisajes podríamos considerar como naturales.

 

A efectos prácticos, y sobre todo en fotografía, tendremos que aceptar como paisaje natural aquellas áreas, generalmente amplias, que podemos asimilar como tal, al menos las que abarque el objetivo de la cámara y siempre y cuando no se perciban las posibles intervenciones humanas.

 

Aún así, cada vez tenemos menos paisajes que, como mínimo, cumplan con esta condición ya que la ambición humana no tiene límites y es más dificil encontrar áreas visualmente limpias, sin tendidos eléctricos, carreteras o pistas, parques eólicos, minas a cielo abierto,  grandes extensiones repobladas a través de monocultivos forestales, especialmente con especies exóticas..., tendréis que ser generosos conmigo y  disculparme si, en alguna que otra foto visualmente interesante, se cuela algún elemento discordante.

 

“Las limitaciones de la fotografía están en uno mismo, pues lo que vemos es lo que somos. Si la belleza no estuviera en nosotros, ¿cómo podríamos reconocerla?”

Ernst Haas

 
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