Está claro que el patrimonio etnográfico tiene mucho de historia y de identidad, aspectos que tienen una gran relevancia en las sociedades a nivel local, regional, nacional o de cualquier otra área territorial.

 

El patrimonio etnográfico se puede entender como el conjunto de manifestaciones y tradiciones que representan la cultura y la identidad popular de una comunidad concreta de manera particular y puede ser tanto a través de bienes materiales o inmateriales, siempre que reflejen la cultura tradicional. También se puede decir que contienen gran cantidad de información sobre la relación que cada comunidad ha mantenido con su entorno en su modo de vida tradicional.

 

Dentro de este tipo de patrimonio tendríamos que incluír la arquitectura popular que ya describimos en su apartado específico, pero también los de otra índole como la artersanía y objetos de uso tradicional (herramientas, aperos, etc).

En cuanto al patrimonio industrial, se entiende como el conjunto de restos de la cultura industrial que poseen un valor histórico, tecnológico, arquitectónico o científico.

 

Este consiste en edificaciones y maquinaria, talleres, molinos, minas y sitios para procesar y refinar los materiales extraídos, almacenes y depósitos, lugares donde se genera o transmite la energía, medios de transporte y su infraestructura, así como los espacios en los que se desarrollan las actividades sociales relacionadas con la industria.

 

Como siempre, ambas tipologías patrimoniales son de gran interés social y también fotográfico.

 

La labor recogida de piezas etnográficas es admirable, no sólo por su carácter insustituible sino también por su carácter irrecuperable de tal modo que si no se hubieran empezado a adquirir estas piezas en el momento preciso, hoy, gran parte del patrimonio etnográfico no habría sobrevivido y por lo tanto no lo habríamos conocido.“

Blanca Flor Herrero Morá

 
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